Pablo de la Higuera
Aquí el cante es como el rayo
como una lumbre espantada en el fanal del carámbano.
es grito
y silencio
vertical,
del corazón al cielo
y viceversa
corazón adentro… »
inolvidable Caracol.
(No era de aquí,
pero como si lo fuera.
Tenía el cante bronco y hondo
como un pozo de aguardiente tatuado de roció
en el desesperezado resacal).
Aquí se murió la morería
y dejó el cante de pie
helado en la noche alta.
Lo fundió un sol de justicia
en una tarde de fiesta
con limonadas de Vino
y litronas de cerveza
con toros y con vaquillas
y forasteros chuletas
y un aprendiz de torero
y una o dos vampiresas.
Y fue el cante y se soltó
el pelo de la dehesa…
Y el quejío se hizo rito
y el suspiro silencio
y amanecida de noches
de Vírgenes y de rejas,
alargatada de sol,
fandango azul, la saeta.
Hasta los altos de Burgos
do juran los fijosdalgo
amén los fijosdeputa,
el Ave…mariasantísima
de la musulmanidad
llegó por Despeñaperros
desde Sevilla la mora.
¡Y lo cantamos los bárbaros,
Castilla y España toda,
y to er Guadarquiví
se enduereció por Zamora!
Si fue ayer como quién dice…
Recuerda… en cada pandilla
siempre había uno que cantaba. Entonces,
en la cantina caleada,
en la cantina adomingada de sombra y vino
se hacía un silencio sacramental,
incluso a veces sepulcral,
cuando él, el único, el incomparable
cantaba. De pronto
a las seis del estío
un frio ardiente venia de la era, el verano
encaramado a la chimenea suspendido del alero del tejado, y el Sol
parado a la puerta
a escuchar…
Era tremenda e insobornablemente serio,
era serio como guitarrista de cantaor,
era serio como el guitarrista de sí mismo,
era serio y hondo y secreto
como su cante.
Le llamaban Luis « Chaqueta », y una noche,
una noche de luna muerta y pájaros atónitos,
una noche escalofriante, sin aurora,
desamaneció allá abajo…
Y nadie supo nunca en el pueblo
por qué se tiró al pozo.

Tierra de pan
(Precisión: aquí
tradicionalmente « funciona » el pozo
o la soga,
según.)
Y es que aquí
por tiempo de solsticio y aledaños
quema el sol y quema el frío,
aquí
muerde el muérdago lento de los años
en el delgado pescozón del río,
aquí
– “veréis llanuras bélicas y paramos de asceta…”-
el cante es como el rayo,
como una lumbre espantada en la lividez del carámbano.
Pablo de la Higuera. Son las mismas estrellas


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