Pablo de la Higuera

Cuando viene arado de blanco
por el pánico rejón del viento.

Cuando, despeinado y sin aliento
(también por calma gloriosa,
sin mayor explicación,
sin que se mueva
el mínimo ramal de la mimosa),
se encrespa
y se encresta
y se encabalga
y se enjabega de flanco
y desguaza su alboroto nacarado.

SAMSUNG

Yeu

Cuando se entraña y desentraña y se enmaraña
el mar,
entonces,
entrañablemente,
en-mar-añado
que en inglés le dicen « white horses »,
caballos blancos,
alborotado albor
de espuma y sal sobre campo de azul.
(El inglés -el idioma y el inglés propiamente dicho, el flaco
y alargado, incluso de Southampton- despide a veces un fulgor
de acero toledano).
Caballos blancos… White horses/
White Whitman/Walt Whitman/Walt horses…
Que mareo de mar inmarcesible,
qué barba
ridad
qué divino
adveniviento
de la nívea libertad
sobre los mismos cabellos/ballos
sobre los mismos caballos bellos
y el mismo loco
galopar
por tu barba azul y sal,
por tu barba azul y sal,
Viejo hermoso White Whitman,
ay, Federico García,
qué dulce amargura,
qué mareo de mar enmaromado
qué amarra en confusión de relámpago
este alado dentellar de caballos blancos
a aquella barba de Bronx que vieras llena de mariposas.
SAMSUNG


Pablo de la Higuera. Son las mismas estrellas